Dirigidme, ¡oh! Señor Misericordioso,
mostradme vuestros dones,
y tened piedad de vuestro siervo
que os ama sobre todas las cosas
y a Vos recurre en la aflicción,
buscando amparo, protección y fortaleza.
Guiadme por el buen camino;
guiadme, pues por el camino recto
para poder adorar al que todo lo puede.
Dadme salud y fuerzas
para poder adorar al Altísimo
que todo lo dirige.

