lunes, 15 de abril de 2019

JESÚS DE MEDINACELI, ORACIÓN A JESÚS CAUTIVO PARA PEDIR TRES DESEOS


En el año 1939, después de muchas vicisitudes, la imagen de Jesús de Medinaceli regresó a Madrid, donde fue llevada en un primer momento al monasterio de la Encarnación y, posteriormente, el 14 de mayo, hasta el altar de su templo, nombrado basílica en 1973, donde desde entonces el Cautivo recibe la visita y devoción de sus devotos, a quién llaman "El Señor de Madrid".
 
A Jesús de Medinaceli se le hace tres peticiones y siempre concede una de ellas.
 
ORACIÓN
 
Hay, Señor, en tu adorable Pasión,
una palabra que sin vibrar en mis oídos,
llega a lo más profundo de mis entrañas,
que me conmueve, admira y enternece
y habla como ninguna…

No es la palabra de los discípulos que te niegan,
ni la de los jueces que te escarnecen,
ni la de los sayones que te insultan,
ni la de la plebe que te blasfema,
ni siquiera la de las piadosas mujeres
que te compadecen.
 


Es la palabra que tu no has pronunciado,
la de tu silencio, severo, grave, solemne,
no interrumpido ni para quejarte,

disculparte, justificarte,
ni menos para recriminar,
volver por tu honra y la de los tuyos,
vindicar tu vida,
hundir en los abismos de la nada
a tus acusadores…

¡Silencio largo, adorable,
misterios de la Pasión de Cristo!

¡Cuánto confundes mi afán de justificarme,
disculparme, razonar, volver por los fueros
de mi orgullo, egoísmo y amor propio!

¿Cuándo, Señor, cuándo aprenderé tu silencio,
y cuándo sabré que Tú, y sólo Tú
eres el que justificas y condenas
y que el juicio y estima de los hombres
nada valen si Tú no los sancionas?

¿Cuándo, Jesús mío, aprenderé a callar,
a hablar poco con los hombres
y a hablar mucho contigo?

¿Cuándo imitare tu silencio,
humilde, paciente, adorable?
 
¡Dulcísimo Jesús Nazareno!
Postrado a vuestros pies,
reconozco mis ingratitudes para con Vos,
y, arrepentido de mis pecados,
propongo, con vuestra ayuda,
no volver a ofenderos.
 
Animado por vuestra infinita bondad
y por los muchos favores que otorgáis
a los que imploran ante vuestra imagen
misericordia y perdón, os pido,
¡oh mi buen Jesús!,
que, en memoria de vuestra Pasión,
atendáis mis súplicas, si son de vuestro agrado
y para provecho de mi alma.
 
¡Padre nuestro Jesús Nazareno!
 
¡Gracias, Señor!
 
Para corresponder a vuestros favores
os pido la gracia de cumplir siempre
vuestra ley santa
y de morir en vuestro amor.
 
Amén.
 
Tallada en Sevilla como los Cristos «de la Sentencia», la imagen de Jesús de Medinaceli fue llevada por los capuchinos hasta la plaza fuerte de La Mamora o Mámora, en Marruecos, conquistada en 1614 por los españoles para luchar contra la piratería y rebautizada como San Miguel de Ultramar. Cuando en abril de 1681 el rey Muley Ismail tomó la ciudad, hoy conocida como Medhía, la imagen fue arrastrada por las calles de Mequinez y sometida a todo tipo de vejaciones, burlas y ultrajes por los sarracenos.
 

«Lleváronlas al Rey (las imágenes incautadas), el qual diziéndoles palabras afrentosas y haziendo burlas dellas, les mandó ultrajar y echar a los Leones para que las despedaçassen como si fueran de carne humana. Al hermosísimo busto de Iesvs Nazareno le mandó el Rey arrastrar, y echar por un mvladar abaxo, haziendo burla y escnario del retrato hermoso…)», se lee en un escrito referido al citado episodio.

La Orden de los Trinitarios, dedicados al rescate de los cautivos, pagó en oro el peso de la figura, según cuenta la leyenda. El plato de la balanza se equilibró cuando alcanzó el mismo precio que cobró Judas por entregar a Jesús: treinta doblones de oro. De ahí que el Cristo lleve la cruz de los trinitarios, roja y azul  como portaban agradecidos de por vida tantos cautivos liberados por los trinitarios.

La imagen pasó por Tetuán, Ceuta, Gibraltar y Sevilla, hasta su llegada en el verano de 1682 al convento de los Padres Trinitarios de Madrid, junto al que se levantó una capilla donada por los Duques de Medinaceli.


El decreto de Desamortización de Mendizábal de 1836 obligó a la imagen a trasladarse a la iglesia de San Sebastián de Madrid, donde permaneció diez años hasta que por influencia del Duque de Medinaceli regresó a la capilla de los Trinitarios. En 1890 fue derribado el convento de los Capuchinos y sus patronos, los duques de Medinaceli, instalaron en 1895 en su nueva capilla la imagen del Cristo.

La Guerra Civil obligó a peregrinar de nuevo al
Cristo de Medinaceli, cuya imagen habían salvado de un piquete de revolucionarios los devotos y vecinos del convento el 13 de marzo de 1936. Los frailes la ocultaron en el sótano del convento, pero fue descubierta y entregada a la Junta del Tesoro que la trasladó a Valencia, de allí a Barcelona y finalmente con todo el Tesoro Artístico a la ciudad suiza de Ginebra. Y por fin, en el año 1939, regresó a Madrid.
 

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