miércoles, 3 de abril de 2019

ORACION A SANTA GEMA PARA PEDIR SANACIÓN Y SALUD


¡Oh Santa Gema santísima!
acude en mi ayuda
y calma el dolor y la aflicción
que este, tu fiel devoto, sufre mucho
y está al borde de la desesperación.

Tú que anduviste por esta vida
sorteando infortunios, desazones,
trabajos y enfermedades
compadécete de mi, ahora,
que disfrutas en el cielo,
y pon tus ojos piadosos
en quienes nos sentimos desfallecer
bajo el peso de la desgracia.
 


Alcánzame la salud, pues amo la vida
y ya apenas puedo disfrutarla
pues la enfermedad me ataca con constancia
sin permitirme realizar los actos mas llevaderos,
por eso te invoco, Santa mía:

(hacer la petición),

Ayúdame a recobrar la salud,
a salir de la enfermedad
si ha de ser para mayor bien espiritual
de mi cuerpo y de mi alma.


Rezar Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
¡Oh abogada mía,
que eres tan poderosa intercesora
ante la misericordia de Dios!:

Por la ardiente caridad para con el prójimo
que inflamó tu pecho,
empujándote al alivio de todas las necesidades,
corporales y espirituales,
vuelve con clemencia tu mirada hacia mi,
y alcánzame con tus ruegos
 ante Nuestro Señor Jesucristo
que recupere la salud y encuentre alivio
a mis padecimientos y sufrimientos
porque confío en tu valiosísimo patrocinio.

Rezar Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

¡Oh esclarecida taumaturga del siglo XX!,
admirable Santa Gema,
ya que el Señor te ha otorgado derramar,
sobre la Humanidad doliente
bondades y prodigios sin cuento,
intercede benignamente por mi,
alcanzándome gozar jubiloso
el beneficio de la salud
que te suplico para gloria de Dios
y santificación de mi alma.

Amén.

Rezar tres Padrenuestro,
tres Avemarías y tres Glorias.

Hacer la oración y los rezos
durante tres días consecutivos.

 La curación milagrosa de Santa Gema:
 
"... Justo antes de que se concediera la cura, Jesús dijo, abrazándome: "Hija mía, me entrego por completo a ti y tu serás completamente mía".
 
Vi claramente que Jesús me había arrebatado a mis padres y, a veces, esto me desanimaba porque me creía abandonada. Esa mañana me quejé a Jesús de esto y Él, siempre tan bueno y tierno, me dijo:
 
"Hija mía, siempre estaré contigo. Seré tu Padre y Ella (indicando a nuestra Madre de los Dolores) será tu Madre. Al que es Mis manos nunca le puede faltar la ayuda paterna. Nunca te faltará nada, aunque te haya quitado todo el consuelo y apoyo terrenal. Ven, acércate a Mí, eres mi hija. ¿No eres feliz de ser la hija de Jesús y María?"


Los abrumadores afectos que Jesús se levantó en mi corazón me impidieron responder. Después de unas dos horas pasadas me levanté. Los que estaban en la casa lloraron de alegría. Yo también estaba feliz, no porque me curara, sino porque Jesús me había elegido para ser su hija. Antes de dejarme esa mañana, Jesús me dijo:
 
"A la gracia que se te ha otorgado esta mañana se agregarán muchas más, y aún más grandes".
 
Y esto ha sido tan cierto porque Jesús siempre me ha protegido de una manera especial. Lo he tratado solo con frialdad e indiferencia y, a cambio, solo me ha dado signos de su amor infinito".

 

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