Fuiste, glorioso Abad San Antonio,
ejemplo para la humanidad,
humilde, paciente, modesto,
casto, prudente, misericordioso,
amoroso, celoso y constante:
Y todo ello, te elevó
a la gloria suprema de Dios, Señor Nuestro,
ganando su favor y atención,
y otorgándote la dicha de favorecer a tus devotos.
Bendito santo, en quien
la llama del Amor de Dios
caló tan hondo y grandemente
que por El dejaste todo,
vendiste todos tus bienes
y los entregaste a los pobres.
