Divina Providencia:
Tú que eres el autor de todo lo creado,
sin cuya voluntad nada se mueve,
recurro a ti en estos momentos de vacilación,
para que me guíes y me protejas
en contra de los espíritus tentadores y envidiosos.
Mi espíritu guía:
Si algún enemigo material
aguijoneado por la envidia
pretendiese levantar su mano para herirme
o pronunciar una palabra para humillarme
por medio de la calumnia,
desviad su mano y su pensamiento
para que arrepentido de su falta
me pida perdón,
que yo le perdonaré,
y rogaré a Dios por su salvación.
